EL MONSTRUO DEL ESCOBAL

Hoy es uno de esos días que se quedan en la memoria de uno para siempre, un día grabado con ese fuego que marca los recuerdos hasta el resto de tus días. Hoy pude hacerme con él después de muchos meses de lucha. Cometió un error, el único hasta el momento del que yo fuera consciente, un pequeño desliz quizás propiciado por el cambio del tiempo, y más por la casualidad que por mi destreza pude hacerme con él.

El monstruo creo su leyenda a base de apuñalar perros y zafarse de los puestos de batida con una facilidad pasmosa. Lo empecé a conocer de oídas, por las historias de la gente del pueblo y me dispuse a buscarlo. Una búsqueda impetuosa y sin descanso hasta que pude cortarle el paso al ver su huella en un viejo camino, y que huella!!. Empezaba el trabajo de monte, de análisis, de elaboración de teorías para ubicar su encame, su careo, sus querencias, en definitiva, empezaba un nuevo reto, de esos que enganchan hasta el punto de estar casi obsesionado. Cámaras trampa, caminatas infructuosas, visitas a charcas, muchos sabréis bien de lo que hablo.

Empecé a cortarlo con relativa frecuencia en un viejo rascadero al que asistía con una asiduidad de entre 7 y 20 días y siempre a horas intempestivas que gracias a una cámara pude ir controlando; las 4:50 las 6:00, las 2:39 (llegue a hacerme una tabla de Excel para estudiarlo mejor)…horas para verdaderos creyentes, como yo me declaro. Y lo esperé, lo esperé muchas, muchas veces sin apenas sentir nada en absoluto.

UN CAMBIO DE ESTRATEGIA

Un día cambié mi puesto porque pensé que el monstruo se encamaba en una morra cercana y que subía careando por una riberita hasta el famoso rascadero, pues muchas veces aparecía en las fotos de la cámara bañado y bien embarrado lo que me hizo suponer que antes pasaba por la ribera. Me puse sobre las 19:30 y me quité sobre las 12:30 sin oír ni sentir nada, otra vez. Cuando a los pocos días fui a ver la cámara del rascadero pude comprobar como ese mismo día que había estado puesto esperándolo en la ribera, había estado en el rascándose a las 22:20, tan tranquilo (nunca lo había pillado tan pronto) que faena, para una única vez que me cambio de puesto el cochino entra y pronto!! desesperante.

CUANDO MENOS TE LO ESPERAS…

Vuelve a desaparecer y se le deja de ver por unos 40 días y así iban trascurriendo los meses. Vuelve de nuevo a frecuentar la zona y lo vuelvo a esperar con fe renovada, NADAAA…Insisto una y otra vez y llega un domingo, ese domingo, en el que mi padre me dice bueno que ¿y hoy no vas a ir? Que en casa no te va a entrar!!, Y más animado por él, que por las probabilidades de éxito, preparé mi viejo stutzen del 30-06 y la mochila de esperas rumbo al campo. Me puse un poco justo de tiempo pues el sol ya se había ocultado por el amplio horizonte y coloreaba las nubes de tonos casi imposibles y sumamente bellos.

Todo preparado y, una vez sentado me relajo pues lo esperaba tarde, bien entrada la noche, como siempre cuando, al cabo de apenas media hora con las ultimas luces del día ya más noche que otra cosa, oigo masticar unas bellotas muy cerca de mi a unos 40 metros, me paralizo, oigo unos pasos frente a mi en una encina cercana, mis ojos se abren, todos mis sentidos se orientan hacia el foco de sonido y alzo mis prismáticos para comprobar con un asombro alucinante como un gran guarro levanta la cabeza y carga el aire husmeando el ambiente. NO ME LO CREO!!! ES ÉL. El cochino se va franco al rascadero para aliviar sus picores mientras bajo mis manos hacia el rifle que tenía apoyado en mis rodillas, quito el seguro y activo el punto rojo del visor justo antes de encararlo. El marrano se pone a rascarse sin mas titubeos y levanto el stutzen para contemplar una de las mejores escenas de caza que puede tener cualquier aguardista; un cochinazo cruzado plateado por la luz de la luna con el punto rojo del visor alojado en la paleta a escasos 30 metros….INDESCRIPTIBLE.

Monto el pelo (siempre lo hago, manías que tiene uno) y rozo el gatillo cuando un trueno rompe la magia de un momento sublime para ver como ese monstruo sale corriendo sin dar síntomas de disparo y oigo como cambia su dirección emprendiendo su huida cuesta arriba…perplejidad, asombro, ¿qué ha pasado? Me pregunto, lo dejo de oír y me levanto para ir a comprobar ansiosamente el lugar del disparo sin encontrar, para mi sorpresa, la más mínima gota de sangre…vueltas y mas vueltas para intentar encontrar un mínimo indicio que me ayude a seguir creyendo en que lo he alcanzado pero nada, empiezo a dudar de mí, del rifle, de la bala, de la distancia, del visor, de mis nervios, de las ramas, de todo…y me marcho para casa con una convicción casi absoluta de que lo he fallado no sin la intención de volver mañana por la mañana, temprano a buscar algo, lo que sea que me haga creer que lo he tocado. Vaya noche de insomnio, una y otra vez se me venia el lance a la cabeza, soñaba con gotas de sangre, con pisteos y relatos de esos libros que tanto enseñan, ni que decir tiene que no pegué ojo.

UNA NOCHE SIN DORMIR

A la mañana siguiente, temprano, quedo con Adri Bma para emprender el pisteo y me llevo a mi pequeño teckel Lucas que demasiado hace para lo poco que sabe. Cuestiones, preguntas, repasos del lance una y otra vez camino del monte. Llegamos al fin y al poco de bajar del coche y acercarnos al lugar, un olor inconfundiblemente a cochino nos da un golpe de realidad que nos hace mirarnos y decir, NO ESTA LEJOS!!! Llegamos al lugar del tiro, repasamos los hechos y no encontramos absolutamente nada, asique nos disponemos a rehacer la huida del monstruo cuando a escasos 70 metros del disparo y tras haber subido por un pequeño cerro LO VEMOS!!! No había conseguido pasar una pequeña pared de piedra y había muerto emprendiendo una huida cuesta arriba impropia de un animal bien pegado. Y que animal, que preciosidad de individuo, que momento…El sabor de una victoria en base a un esfuerzo prolongado es el mejor de los sabores que un hombre puede experimentar…

Abrazos, fotos y más fotos para acto seguido llamar a Francisco Javier Campos Pino con el fin de que lo viera, nos ayudara a sacarlo de allí y poder compartir así uno de los mejores momentos de mi vida cinegética con amigos ya que sin ellos, el sabor hubiera sido distinto. Gracias a los dos!!! Por esta y por las batallas que nos quedan…y gracias a ti, gran jabalí, señor de las noches por darle sentido a todo lo que hago y a mi forma de vida, ésta que no todos entienden ni comparten pero que jamás podrán arrebatarme, bien sabe Dios que te devolvería la vida si pudiera, no obstante, ya eres inmortal en mi memoria y vivirás por siempre en mi recuerdo. Gracias a la Luna por supuesto y a mi padre por enseñarme el mejor de los venenos…y que viva el monte y todos aquellos que lo aman!!!

Aquí os dejo el vídeo que grabé aquel día con la ilusión de que os traslade por unos minutos a mundos mejores.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *