EL BOTICARIO

(Historia de un corzo extraordinario)

 

Como muchos ya sabéis, en la zona norte de España, que es donde yo cazo, los corzos no llegan a ser especialmente grandes, pero, algunas veces, sale alguno que destaca sobre el resto, ya no solo por su puntuación sino por las peculiaridades de su comportamiento y como éste se queda marcado entre muchos otros para siempre…

La historia del boticario nace en un pequeño pueblo leonés, donde este corzo, especialmente pequeño en su tamaño corporal, vivía muy pegado a las casas últimas casas del pueblo defendiendo su reino siempre acompañado de dos hembras. El nombre fue puesto por la gente del lugar ya que este corzo aparecía una y otra vez por un prao que estaba pegado a la farmacia del pequeño pueblo, casi casi en la rebotica de la misma y eso hizo bautizarle como el boticario.

El boticario era pequeño de cuerpo y listo, muy listo. Cuentan los viejos que los corzos más grandes se pegan al pueblo y hacen vida muy cerca de éste, ¿que por qué? pues según ellos el lobo no les molesta con la misma frecuencia que en plena sierra y me parece una teoría muy válida que se ve refutada con asiduidad por grandes y viejos trofeos.

Volviendo a la historia, el boticario era visto a mayores en las horas más infrecuentes para estos cérvidos, las 12 de la mañana, las 5 de la tarde, y siempre en el prao de la farmacia o alrededores.

Un hombre nos contó que desde el balcón de su casa lo veía prácticamente a diario, y nos decía que siempre estaba con dos hembras que de cuerpo eran más grandes que él. Una mañana -decía este paisano- otro corzo casi tan grande como él le salió al prao donde el boticario pastaba con sus dos hembras con intención de desafiarle y allí se enzarzaron a la 13:35 del mediodía en una pelea de más de 10 minutos que fue digna de ver; carreras, ladridos, hasta que en un devenir, el boticario pinchó al otro macho en un jamón, acto que terminó con la pelea y acción que hizo cojear el resto de su vida a ese valiente que osó discutirle el reino al boticario pero esa es otra historia…

Otra mañana un amigo muy cercano lo vio tumbao en medio de un prao al lado de la carretera a eso de las 12 del mediodía. Cuenta que paró el coche para mirarlo a escasos 40 metros de distancia y que éste se giró y al ver el coche volvió la cara con tranquilidad pues bien sabía qué coches eran los que entraban dentro de la rutina normal del pueblo. Esta actitud al parecer la repitió en alguna ocasión más con gente que frecuentaba el lugar como el panadero, por ejemplo, ahora eso sí, en cuanto te bajabas del coche desaparecía de un salto.

Y ahora empezaba el reto, ¿cómo meterle mano?

No fueron pocas las mañanas que lo buscamos muy muy temprano por los praos aledaños al pueblo sin éxito y siempre alrededor de la famosa farmacia. Veíamos varios machos y hembras sueltas hasta un punto que empezaba a ser desesperante pues ya llevábamos dos años detrás de él y los vecinos que antes lo veían en repetidas ocasiones nos contaban que llevaban ya algún tiempo viéndolo con mucha menos frecuencia y que hacía como un mes que no había vuelto a aparecer por la farmacia.

Seguíamos con nuestras intentonas y, en una ocasión, encontramos unos huesos pegados a una pared de viejas piedras que nos hicieron perder un poco la fe, pues pensamos que podrían ser suyos o de alguna de sus hembras, detonante que nos restó esperanzas, pero no todas…

El caso es que una mañana de mayo del 2012, volvimos a intentar meterle mano. Esta vez iríamos a ver unos castaños cercanos muy grandes que estaban dentro de su rango de careo. Nos bajamos del coche en máximo silencio, como siempre, y preparamos todo. Nos pusimos en marcha muy temprano dispuestos a recorrer con el mayor de los sigilos el trayecto que nos llevaría por un mar de praos a esos viejos castaños muy del gusto del boticario.

Cuando apenas quedaban unos escasos 200 metros y caminando entre escobas vimos una corza, -todos al suelo-  luego otra…y, algunos metros por detrás al BOTICARIO!!!

No nos lo podíamos creer…las dos hembras habían notado algo extraño rápidamente y mantenían fija su mirada hacia esa fuente exógena de ruido,…TENSIÓN MÁXIMA…prácticamente de cuclillas, hicimos un corto acercamiento para taparnos con uno de los enormes castaños centenarios de la zona, a todo esto, las corzas no nos quitaban ojo!!!

Las hembras se iban acercando hacia una pared de piedra con clara intención de desaparecer de un salto al más mínimo atisbo de peligro que ya de por si barruntaban y a todo esto el Boticario detrás de ellas comiendo tan tranquilo.

El momento era perfecto, tantas veces buscado, había que rematar la faena…rifle a la cara…tensión, seguro, pelo francés, inspiración, tres segundos de precisión, un ligero roce al gatillo y un estruendo retumba en el monte haciendo eco en los viejos castaños, carreras, ladridos, desconcierto y, entre las secas hojas, un pequeño cuerpo yace inerte en el suelo con una magnífica cuerna impropia de estas latitudes, el Boticario acababa de convertirse en inmortal…el resto ya os lo podéis imaginar…

Y así es como los cazadores vamos creando recuerdos y un viejo libro de historias en los que valores como el esfuerzo, la dedicación, el respeto, la admiración y un sinfín de atributos que subyacen a la Caza nos hacen, en ocasiones, girar la vista atrás y pensar que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor.

Quisiera rematar este relato añadiendo que siempre voy a estar aquí expresando públicamente mi amor y pasión hacia la caza por muy negros que vengan los cielos…y que viva el monte y todos aquellos que lo aman.

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